lunes, 12 de septiembre de 2016

Aspe desde Aisa

Ascensión al Aspe desde el valle de Aisa (Huesca).
Un paseo excepcional con magníficas vistas panorámicas tanto en la ascensión como desde la cumbre, que casi la niebla nos las estropea e igualmente una gran riqueza de flora y fauna.


Entre tantas panorámicas es difícil seleccionar una pocas, pero una muestra es suficiente para imaginar la experiencia tenida por los asistentes.











Algunas de las cumbres y localidades observadas desde la cumbre del Aspe.





 La zona kárstica por la que se atraviesa da idea de la importancia erosiva del agua sobre las calizas disolviéndolas y dando lugar a profundas grietas, simas y en general a un paisaje de "lenar" que más parece lunar.




Con el Aspe al fondo


Profundas grietas producidas por la disolución de las calizas y la acción mecánica del agua al congelarse, efecto cuña.


 Nódulos de areniscas calcáreas entre las calizas.



Algunos pequeños neveros, algo sorprendente con los calores sufridos este verano.
  

Unos rebaños de rebecos, Rupicapra rupicapra


 Excrementos de rebeco






Madriguera de marmotas.


 Y una collalba gris, especie común en estos ambientes.


Y una representación de algunas de las plantas observadas que más nos llamaron la atención.


 El edelweiss, Leontopodion alpinum o flor de las nieves.




 El árbol serbal de los cazadores, Sorbus aucuparia, muy llamativo por sus frutos.


La frángula, Rhamnus frangula, un arbusto o arbollilo cuya corteza tiene grandes propiedades laxantes.


La Armeria maritima


 La peligrosa belladona, Atropa belladona con frutos muy atractivos y parecidos a uvas, pero muy tóxicos.


Los frutos de la belladona se utilizaban para pintar los ojos a la vez que provocaban midriasis o apertura de la pupila y los ojos se ponían muy negros, lo que supuestamente daban más belleza a la mujer, de ahí su nombre de "bella donna"


 El eguzki lore, Carlina acanthifolia, de estípulas amarillentas y espinosas.



La otra variedad de eguzki lore, Carlina acualis, de estípulas blancas y enteras.


La merendera, Merendera bulbocodium



 Un helecho de las rocas, Polystichum lonchitys


La Linaria alpina o linaria de gleras.


La nebeda menor, Nepeta nepetella, un arbusto muy aromático que desarrolla en los canchales.
  

El cardo de los canchales o gleras, Carduus carlinifolius

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lunes, 5 de septiembre de 2016

Desde la Piedra de San Martin al Anie.

Excelente excursión para un primer día después del verano, sin duda alguna los paisajes que hemos observado son inolvidables y la experiencia de andar por ellos  no se puede reflejar en fotos, trataremos de plasmar algunas de las imágenes que se nos han quedado en la retina.


Recorrido realizado


Aníe al fondo desde la cumbre del Arlás.


Arlas y refugio de espeleólogos.


El paisaje kárstico que contemplamos es fruto de la acción del agua sobre las calizas que las disuelve que con ayuda del dióxido de carbono atmosférico las convierte en bicarbonato cálcico y las disuelve formando, huecos, grietas, surcos y la final profundas simas y cuevas.


No todas las rocas son de caliza, en algunos lugares encontramos entre los carbonatos nódulos sílíceos, silex, mucho más resistente a la erosión e insoluble en agua que cuando las rocas salen al aire terminan por resaltar.


De estos nódulos se obtenían las puntas de flecha y otros instrumentos de sílex prehistóricos.


Vista panorámica del karst de Larra, una de las mejores muestras de pinares de pino negro o Pinus uncinata.


El agua de las nieves a deshacerse lentamente va goteando y disolviendo la roca formando finas grietas que al helarse aumentan de volumen y dan lugar a un paisaje de lajas o losas verticales muy difícil y peligroso de andar, "lenar"

El agua y la nieve que discurre por las rocas igualmente va formando surcos característicos sobre las grandes paredes de rocas.


Las aguas penetran en el interior de la tierra y siguen disolviendo formando grandes cavidades internas que con el tiempo se hunden y toda la roca superior cede, zonas de subsidencia, de manera que el monte pierde altura.


Vista del Anie

 Diversas panorámicas desde la cumbre del Anie









Piedra de San Martin donde se celebra el Tributo de las tres vacas.





Arlas desde la ladera sur

Arlas.
En un momento en que la mayor parte de Navarra parece un secarral por la pertinente sequía y las altas temperaturas que estamos padeciendo, observar plantas en flor y sobre todo de la rareza e interés que tienen las que desarrollan en estas alturas es todo un "regalazo". Como sería muy arduo poner todas plasmaremos algunas de las más llamativas observadas.


La Carlina acaulis, carlina angélica o eguzki lore, una preciosa planta que se suele colgar en la puerta o en el dindel de las puertas para ahuyentar a las brujas.



El Cirsium eriophorum, un precioso cardo de montaña.


La Solidago o vara de oro.


 Un ajo de montaña, Allium schoenoprassum, de flores rojas.


La aguileña del Pirineo, Aquilegia pyrenaica, muy similar a las típicas aguileñas que vemos por nuestros montes y prados pero características por presenta un espolón casi recto y no curvado y aguileño como refiere su nombre popular.


El Geranium cinereum, un bonito geranio de montaña con un pétalos delicadamente decorados con venas.


Una margarita gigante, el Senecio pyrenaicum.


 Y aunque ya pasada dejamos para el final la más rara de las plantas observadas, una rosa silvestre de grandes pelos, la Rosa villosa, especie muy parecida a la Rosa pendulina, típica rosa o tapaculos de alta montaña, pero provista de grandes pelos glandulosos.


Y no podríamos olvidar al que nos acompañó y nos alegró la breve estancia en el alto del Anie, este acentor alpino, un ave amiga de los montañeros que frecuenta las grandes cumbres y no le importa comer las migas que dejamos de nuestros almuerzos.



Y como colofón los buitres que ya no solo atacan al ganado sino que pretenden comerse nuestra comida y le echan el pico a cualquier cosa comestible, como la pierna de una de nuestra compañeras

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martes, 21 de junio de 2016

Sumbilla - Mendaur

 Subida a la ermita de Mendaur desde la localidad de Sumbilla
 La ermita de Mendaur está enclavada sobre unos llamativos peñados rojizos, típicos de gran parte del noroeste navarro.
 Estas rocas rojizas son conglomerados formados por una gran cantidad de cantos rodados de material ácido, sin carbonatos lo que implica que se rodaron bajo el mar donde los carbonatos se disolvieron y por tanto se supone que en esa época, Era Triásica, esta zona debía estar ocupada por el mar y con profundos cañones submarinos capaces de hacer rodar estos importantes cantos.
 Actualmente los conglomerados han resistido muy bien la erosión y han dado lugar a importante elevaciones como esta del Mendaur, en buena parte desforestadas por antiguos usos ganaderos y forestales y hoy ocupadas en parte por praderas y en los barrancos y laderas bajas hayedos.
 En los hayedos encontramos hermosos ejemplares de hayas.
 Otro grupo desanimado por las lluvias y la nieblas que amenazaban siguió la vía verde, una ruta que en esta ocasión hace gala a su nombre con una exuberancia de flora debida a la gran humedad y a las agradables temperaturas.
 Esta humedad se pone de manifiesto en algunas preciosas cascadas.
 Pero sobre todo en una gran diversidad de flora como la dedalera, Digitalis purpurea
 La gran humedad y la falta de heladas hacen desarrollar una flora casi tropical, con abundancia de grandes helechos, como la lengua de ciervo, Phyllytis scolopendrium.
 En las paredes rezumantes de agua el cabello de Venus, Adianthum capillus-veneris
Y llamó mucha la atención encontrar a mediados de junio, fresas, que lógicamente no era tales sino falsas fresas, Duchesnea indica, una planta exótica muy extendida en esta región.

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